Steam deck: el precio se dispara y el futuro del juego en portátil se cuestiona

Valve ha asestado un golpe inesperado a los usuarios de Steam Deck, elevando drásticamente los precios de sus modelos OLED. La consola, que prometía revolucionar el juego portátil, se aleja cada vez más de su promesa inicial de accesibilidad, acercándose peligrosamente a la barrera psicológica de los 1.000 euros.

La justificación de valve: ¿costes o excusa?

La justificación de valve: ¿costes o excusa?

La compañía justifica este aumento, considerable, con la “situación actual de los costes de los componentes y otros retos logísticos a nivel mundial”. Una declaración genérica que, sin embargo, no aborda la verdadera raíz del problema: la escasez de memoria RAM y almacenamiento, exacerbada por la voraz demanda de la inteligencia artificial. Mientras las IA devoran chips, los videojuegos se ven obligados a pagar el precio.

Pero hay un detalle que Valve omite: la guerra en Oriente Medio, y la manipulación geopolítica que la rodea. La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán y las consiguientes tensiones han provocado el cierre del Estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el transporte de componentes tecnológicos desde Asia. Esto obliga a las empresas a recurrir a rutas alternativas, mucho más costosas, o al transporte aéreo, aún más caro. Y, por supuesto, la factura final la pagamos los consumidores.

El modelo de 512 GB ha subido de 569 a 779 euros, un aumento de 210 euros. La versión de 1 TB, que antes costaba 679 euros, ahora se vende por 919 euros, un incremento de 240 euros. La cifra habla por sí sola: un 35% más caro. Esto no solo afecta a Steam Deck, sino que presiona al alza a toda la industria. Steam Machine, un proyecto que ya se antojaba complicado, se ve ahora aún más comprometido, con un precio que podría superar los 1.000 euros.

Los videojuegos, un lujo para unos pocos. Recordemos que hace apenas unos años, una consola portátil costaba entre 200 y 300 euros, y una de salón, entre 400 y 500 euros. Ahora, con precios que rozan los 1.000 euros, sumados a juegos que superan los 80 euros, mandos a 100 euros y suscripciones adicionales, el entretenimiento interactivo se ha convertido en un capricho reservado para una élite.

Nintendo, fiel a su estrategia, parece ignorar las señales de alerta. La subida de precio de la Switch 2, en un contexto de caída del 46% en las ventas de la PS5, es una apuesta arriesgada. Mientras tanto, los niños y adolescentes se refugian en los juegos móviles y en el juego en la nube, dejando a las consolas tradicionales al borde del abismo.

El mercado del PC Gaming, al menos, ofrece una alternativa. Un PC, aunque más caro inicialmente, puede utilizarse para múltiples tareas, amortizando la inversión. Pero la promesa de “causas excepcionales” que justifican estos aumentos de precio siempre me genera la misma duda: ¿volverán los precios a la normalidad cuando esas causas desaparezcan? La experiencia me dice que no. La era de las consolas como un entretenimiento global y accesible para todos ha terminado.

La realidad es que Valve ha elevado el listón de entrada al mundo del juego portátil, relegándolo a un nicho de mercado. Y, con la inflación galopante y la escasez de componentes, el futuro del juego en consolas se presenta más incierto que nunca.