Silicon valley se arrepiente: el hardware da paso a la manipulación algorítmica
Casi todo lo que usamos –desde el móvil hasta el coche– ahora alberga un microprocesador. Un observador privilegiado de la revolución tecnológica, Federico Faggin, físico e ingeniero italiano, regresa a su pueblo natal, Vicenza, para cuestionar el rumbo actual de Silicon Valley.
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Una nostalgia amarga: del hardware a la ‘manipulación’
Después de medio siglo forjando el futuro en Estados Unidos, Faggin, figura clave en el nacimiento del microprocesador y creador de chips fundamentales para la informática personal, expresa una profunda desilusión. “Hoy en día, el software se utiliza para engañar a la gente”, sentencia el ingeniero, quien considera que la industria tecnológica ha perdido el rumbo. No se trata de demonizar el software, sino de denunciar un modelo que prioriza el negocio y la influencia sobre la creación de herramientas realmente útiles para el usuario.
Faggin recuerda con detalle la California que conoció en 1976, un lugar donde la innovación se gestaba sin ataduras, donde la respuesta a un desafío era a menudo “pensemos cómo hacerlo”, no un rotundo “no”. La mentalidad actual, según su análisis, se ha transformado en una obsesión por la recopilación y el uso indiscriminado de datos personales, impulsada por algoritmos diseñados para manipular el comportamiento humano.
Su legado es innegable. Como padre del microprocesador, su nombre está inseparablemente ligado al Intel 4004, el primer chip comercial, y a otros hitos como el 8008 y el 8080. Incluso Bill Gates reconoció, en su momento, que “sin Faggin, Silicon Valley habría sido solo un valle”. La Medalla Nacional de Ciencia y Tecnología de Estados Unidos en 2010, un reconocimiento de su trascendencia, fue solo una de las muchas distinciones que recibió a lo largo de su carrera, aunque también enfrentó disputas por la autoría de sus inventos.
Pero ahora, lejos del frenético ritmo de Silicon Valley, Faggin se enfoca en una nueva batalla: la defensa del libre albedrío. Desde 2008, investiga cuestiones relacionadas con la conciencia y la inteligencia artificial, preocupado por el potencial de la IA para condicionar decisiones y aumentar el poder de entidades como empresas y gobiernos. “La ética no puede reducirse a un algoritmo”, insiste. Su trabajo en P49, una empresa de Padua que desarrolla una IA orientada al ser humano, es una prueba de su compromiso con un futuro tecnológico más responsable. El próximo desafío, no será fabricar chips más potentes, sino asegurar que la tecnología no tome el control de nuestras vidas.
