Perplexity espía tus conversas: meta y google roban tus datos

La confianza, ese bien tan preciado en la era digital, se ha resquebrajado una vez más. El buscador de inteligencia artificial Perplexity, que prometía revolucionar la forma en que buscamos información, está siendo acusado de vender los datos de sus usuarios a Meta y Google, incluso cuando se activa el modo incógnito. Una demanda colectiva ha destapado una práctica alarmante que pone en tela de juicio la privacidad de millones de personas.

El rastreo encubierto: una violación de la intimidad

El rastreo encubierto: una violación de la intimidad

La denuncia, presentada por un usuario estadounidense, revela que Perplexity integra sigilosamente rastreadores de Facebook (Meta Pixel), Google Ads y Google Double Click en su plataforma. Estos pequeños programas, diseñados para recopilar información sobre el comportamiento de los usuarios, operan incluso sin que se tengan cuentas en Meta o Google, enviando datos sensibles a terceros con fines comerciales. La cifra que más impacta: los rastreadores descargan cookies en el navegador en el preciso instante en que accedes a Perplexity, incluso antes de que escribas una sola palabra.

Lo que nadie cuenta es la magnitud de la información que se está recopilando. No solo se rastrean las conversaciones que mantienes con el buscador, sino también las direcciones de correo electrónico y otros identificadores que permiten a Meta y Google identificar personal y directamente a los usuarios. ¿El argumento de Perplexity? Que este intercambio de datos les permite recibir beneficios publicitarios y analíticos. Pero, ¿a qué precio?

La ironía es amarga: mientras los usuarios confían en Perplexity para obtener respuestas a sus preguntas en lenguaje natural, con la promesa de privacidad, la empresa está compartiendo sus inquietudes más íntimas con dos de las compañías tecnológicas más poderosas del mundo. Consideremos que muchos usuarios, especialmente aquellos con cuentas de pago, asumen que sus datos están protegidos. Una falsa sensación de seguridad que Perplexity parece haber aprovechado.

Pero la comparación no es casual. La demanda señala que Perplexity está dando acceso a datos potencialmente sensibles, como información de salud, que pueden emplearse para identificar a los usuarios y crear perfiles publicitarios personalizados. Se asemeja, en cierta forma, a las tácticas de las grandes tabacaleras, que en su día ocultaron los riesgos del tabaco a cambio de beneficios económicos. ¿Estamos ante una nueva forma de explotación de datos?

Las consecuencias de este rastreo son evidentes: anuncios dirigidos específicamente a tus búsquedas, independientemente de si lo deseas o no. Perplexity permite formular preguntas complejas y obtener respuestas resumidas, respaldadas por fuentes verificables, en un formato de diálogo intuitivo. Sin embargo, esta comodidad tiene un coste: la pérdida de control sobre tus propios datos.

La batalla legal apenas comienza, pero la demanda contra Perplexity es una llamada de atención para toda la industria de la inteligencia artificial. La promesa de innovación no puede justificar la violación de la privacidad de los usuarios. A menos que se establezcan límites claros y mecanismos de control efectivos, la confianza en estas herramientas, y en el futuro digital en general, seguirá siendo un espejismo.