Otan evalúa intervención en ormuz: crisis energética y tensión irán-ee.uu.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte estudia la posibilidad de desplegar fuerzas navales para garantizar el paso de buques mercantes por el estrecho de Ormuz, un punto estratégico vital para el suministro mundial de petróleo, ante la creciente amenaza de un bloqueo permanente.

Un riesgo geopolítico con consecuencias económicas devastadoras
Según fuentes internas, la decisión se ve impulsada por la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, exacerbada por los recientes ataques aéreos, y por la alarmante caída en las previsiones de crecimiento económico global derivada del cierre del estrecho.
El alto funcionario de la OTAN, Alexus Grynkewich, admitió que la situación se está evaluando con “gran seriedad”, aunque insistió en que cualquier acción militar estaría condicionada al cese de los combates y a la formación de una amplia coalición internacional. La postura de España, que ha bloqueado el acceso a sus bases a Estados Unidos, refleja la división latente dentro de la alianza.
Pero la realidad es que la paralización del estrecho de Ormuz, que representa aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado, está generando presiones económicas sin precedentes. Los precios de la energía han disparado, poniendo en riesgo la recuperación económica y afectando a las industrias manufactureras a nivel global.
“La paralización, está afectando a todas nuestras economías de forma muy negativa, y afectar a nuestras economías repercute en nuestra capacidad industrial militar a largo plazo”, declaró Grynkewich, subrayando la gravedad de la situación. La OTAN, lejos de una acción unilateral, considera que la intervención debe ser parte de un esfuerzo colectivo, aunque la falta de un consenso unánime es un obstáculo importante.
La situación se complica aún más por el veto de algunos países miembros, como España, que se mantiene firme en su oposición a la intervención militar. Sin embargo, otros aliados, incluyendo Francia y el Reino Unido, están elaborando un plan de contingencia para asegurar la navegación en la zona, lo que sugiere una posible escalada en la complejidad de la respuesta internacional.
Trump, a pesar de las recientes retiradas de tropas de Alemania, sigue presionando, aunque no ha solicitado formalmente la intervención de la OTAN. La tensión entre Washington y sus aliados europeos, se mantiene en un nivel elevado, demostrando que la crisis en el estrecho de Ormuz es mucho más que un simple problema logístico.
La próxima reunión de los líderes de la OTAN en Ankara, entre los días 7 y 8 de julio, podría ser el escenario para tomar una decisión crucial. Mientras tanto, la amenaza de un bloqueo del estrecho de Ormuz se cierne sobre la economía mundial, recordándonos que la geopolítica y la energía están intrínsecamente ligadas, y que las consecuencias de la inacción pueden ser catastróficas.”n
