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Mark cuban desafía la fiebre robótica: ¿el futuro es humanoide o no?

La promesa de robots humanoides omnipresentes, un espejismo alimentado por visionarios como Elon Musk y Sam Altman, podría desinflarse antes de lo que creemos. Mark Cuban, el astuto empresario y rostro conocido de Shark Tank, ha lanzado una bomba: predice el fracaso estrepitoso de estos proyectos en un plazo de cinco años, y su desaparición del radar público en una década. Una postura que, aunque contraintuitiva ante la inversión masiva que se está realizando, resulta sorprendentemente lógica.

La adaptación al entorno: el talón de aquiles robótico

La crítica de Cuban no se centra en la viabilidad de la robótica en sí misma, sino en la obsesión por replicar la forma humana. Argumenta que el mundo, desde la arquitectura de nuestras casas hasta el diseño de nuestras fábricas, está intrínsecamente adaptado a las necesidades y limitaciones humanas. Forzar la integración de robots humanoides en este entorno, según el multimillonario, sería un ejercicio de ingeniería inútil y costoso.

“Es demasiado forzado”, afirma Cuban. Para que la convivencia robótica sea efectiva, sería necesario un rediseño radical de la infraestructura, una apuesta por viviendas y espacios de trabajo diseñados a medida para las máquinas. Un escenario poco probable, al menos a corto y medio plazo.

Lo que nadie cuenta es que la robótica ya está presente en nuestras vidas, pero de formas mucho menos llamativas. La logística de Amazon, por ejemplo, se sustenta en una flota de más de un millón de robots que operan en sus almacenes. Robots que, aunque eficientes, no se parecen en nada a los sofisticados androides que vemos en las películas. Estos, lejos de llamar la atención, optimizan procesos de forma discreta y efectiva.

Más allá de la forma: la funcionalidad como prioridad

Más allá de la forma: la funcionalidad como prioridad

Cuban no descarta un futuro robótico, pero aboga por una aproximación diferente. En lugar de imitar la forma humana, propone diseñar robots especializados en tareas concretas, como los robots araña o hormiga. Estos, al estar optimizados para funciones específicas, serían mucho más prácticos y eficientes que los robots humanoides, que según él, son principalmente un ejercicio de marketing.

La apuesta de Tesla por Optimus, el robot humanoide, es precisamente uno de los proyectos que Cuban considera condenados al fracaso. Hyundai y LG, que también están invirtiendo en esta Tecnología, podrían estar siguiendo una pista falsa. El argumento es claro: la forma sigue a la función, no al revés.

La ironía reside en que, a pesar de las dudas de Cuban y de otros expertos, la industria sigue apostando fuerte por los robots humanoides. Quizás la estética tenga un peso mayor que la practicidad en el mercado actual, o quizás la visión de un futuro con robots sirviendo café o paseando perros sea demasiado atractiva para ignorarla. Sea cual sea la razón, la predicción de Mark Cuban plantea una pregunta fundamental: ¿estamos persiguiendo una quimera tecnológica?

La cifra habla por sí sola: Amazon, con su ejército de robots discretos, mueve millones de productos cada día sin necesidad de humanoides. Quizás sea hora de replantearnos la obsesión por la forma y centrarnos en la funcionalidad real de la robótica.