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La militar que rompió el techo de cristal de las operaciones especiales

Esmeralda Ruiz. Un nombre que resuena con fuerza en las Fuerzas Armadas españolas. No solo por ser la primera mujer en superar el exigente Curso de Operaciones Especiales para Mandos, sino también por asumir el mando en el GOE IV, una unidad de élite. Su historia, lejos de ser un mero hito de género, es la de una militar que ha desafiado barreras y demostrado que la excelencia no entiende de género.

De la legión a la élite: una vocación forjada en el campo

Ruiz no proviene de una familia militar. Su fascinación por la profesión surgió de las historias de sus amigos, compañeros de su hermano destinados en el IPE y la Academia General Básica de Suboficiales. La camaradería, las marchas topográficas, el rigor físico… todo aquello evocaba una aventura que la inspiró. Pero fue su destino en el Tercio “Duque de Alba” 2º de la Legión en Ceuta donde, según reconoce, “realmente maduró como militar” y despertó una “gran vocación”. Un entorno que impulsaba la mejora profesional y la realización de cursos, donde cada aprendizaje se convertía en un avance para la unidad.

“Siempre digo que tengo mucho que agradecer a la Legión”, afirma. “Fue la unidad que despertó en mí una gran motivación por superarme profesionalmente y por seguir creciendo como militar”. Fue allí donde la semilla del curso de Operaciones Especiales comenzó a germinar, impulsada por un deseo de ir más allá, de asumir retos aún mayores.

Un curso de supervivencia: física, técnica y mental

Un curso de supervivencia: física, técnica y mental

El camino no fue fácil. A diferencia de los hombres, el acceso al curso para suboficiales con más años de servicio se regía por un baremo que dificultaba la obtención de plaza. Ruiz tuvo que presentarse en tres ocasiones antes de lograr la ansiada admisión. Pero una vez dentro, se centró en el día a día, en superar cada prueba, cada jornada, sin dejarse vencer por la magnitud del desafío.

“En un curso así no puedes pensar en todo lo que queda por delante. Lo importante es superar cada día, cada semana, paso a paso. La serenidad y el compañerismo fueron fundamentales”, explica.

La Instrucción Técnica de Combate (ITC), con su descanso limitado y su exigencia física extrema, fue uno de los momentos más críticos. “Ahora lo recuerdo con una sonrisa, pero en aquel momento no tenía ninguna gracia”, bromea, recordando la gran retención de líquidos en las piernas y el agotamiento extremo. Pero, como recalca, el cuerpo termina recuperándose, especialmente en personas jóvenes y bien preparadas.

Más allá del hito: un compromiso con el servicio

Más allá del hito: un compromiso con el servicio

Superar el curso y asumir el mando en el GOE IV no fue solo un logro personal, sino una oportunidad de servir a España en una unidad especializada en misiones complejas. Su experiencia en Afganistán, como jefe de equipo básico y navegadora, y en Mali, en el marco de la misión europea de entrenamiento (EUTM), demuestra su compromiso con la defensa de los intereses nacionales.

“El verdadero significado del servicio a España lo comprendí dentro de las Fuerzas Armadas. Servir y amar a tu país significa también proteger y amar a tu gente, a tu familia y a la tierra en la que vives”, afirma con convicción.

El futuro de las mujeres en las operaciones especiales

El futuro de las mujeres en las operaciones especiales

¿Son necesarias más mujeres en las Operaciones Especiales? Ruiz responde con contundencia: “No se trata de que hagan falta más o menos mujeres, sino de que lleguen militares realmente motivados”. Lo esencial, según ella, es la preparación, la disciplina y el compromiso, valores que trascienden el género. Su consejo a las futuras candidatas es claro: “Que se preparen muy bien y que tengan claro cuál es el objetivo: servir en una unidad de Operaciones Especiales”.

La carrera de la subteniente Esmeralda Ruiz es un faro para las futuras generaciones de militares, una prueba de que con esfuerzo, dedicación y una vocación inquebrantable, se pueden alcanzar las cimas más altas, sin importar el género.

El Coronel Gómez de Ágreda, con su visión perspicaz, resume la lección aprendida: