La ia de anthropic confirma el peligro de la vigilancia masiva en la era digital
En una entrevista sorprendente, el líder demócrata Bernie Sanders, de 84 años, se sentó frente a un teléfono con la aplicación Claude, de la empresa de inteligencia artificial (IA) Anthropic, abierta para responder preguntas comprometedoras sobre el uso de datos personales.
Las empresas recopilan datos para vender perfiles y manipular votantes
La IA reveló que las empresas recopilan historial de navegación, ubicación, compras, búsquedas y tiempo de permanencia en páginas web, combinando todo para crear perfiles extremadamente detallados. La mayoría de los ciudadanos consiente esto al aceptar términos y condiciones sin leerlos.
El objetivo principal de la recopilación masiva de datos, según Claude, es el dinero. Las empresas predicen comportamientos de compra, aplican precios diferenciados según el perfil del usuario y venden acceso a esos perfiles a anunciantes. Los datos también se venden entre intermediarios sin conocimiento de los afectados.

El perfilado masivo permite focalización política a escala sin precedentes
La IA advirtió que permite identificar votantes por sus vulnerabilidades específicas, como ansiedad económica, desconfianza institucional y aislamiento social, para enviarles mensajes diseñados para explotar esas debilidades. Los votantes reciben narrativas completamente distintas, fragmentando la realidad que sostiene la democracia.
El peligro se agrava si actores extranjeros acceden a esos perfiles para manipular elecciones.
Sanders preguntó si se puede confiar en empresas que usan datos personales para entrenar sus modelos mientras afirman proteger la privacidad. La respuesta fue directa: hay un conflicto de interés inherente. Sin regulación con consecuencias reales, como transparencia, consentimiento explícito o penalizaciones, el escepticismo ciudadano está completamente justificado.
La entrevista concluyó con Sanders planteando si tendría sentido implantar normativas para el desarrollo de nuevos centros de datos de IA. La IA reconoció que su respuesta inicial había sido ingenua y que en ese contexto político real, una normativa se convierte en una herramienta de presión legítima para exigir protecciones antes de que las empresas sigan expandiéndose.
En definitiva, la privacidad no es solo un asunto personal, sino que es una cuestión de democracia. Cuando empresas y gobiernos tienen perfiles detallados de millones de personas, tienen poder sobre ellas de maneras que la mayoría de los ciudadanos no alcanza a comprender plenamente.
