La batería olvidada de edison: ¿el futuro de los coches eléctricos?

La autonomía de los coches eléctricos podría haber sido mucho mayor hace un siglo. Thomas Edison, sí, el Edison, patentó una batería de níquel-hierro en 1901 que, según nuevos estudios, podría superar a las baterías de iones de litio actuales. La tecnología, prácticamente olvidada, resurge con un prototipo que promete 1.000 kilómetros de autonomía.

¿Una alternativa al litio?

¿Una alternativa al litio?

La dependencia del litio, un material costoso, inflamable y con problemas de suministro, ha impulsado la búsqueda de alternativas. Hidrógeno, sodio, cobalto… la lista es larga. La batería de níquel-hierro de Edison, con un diseño revisado, está ganando terreno. Investigadores de la Universidad de California han creado un prototipo que, según publicaron recientemente, alcanza hasta 12.000 ciclos de carga, superando a los modelos más avanzados de fabricantes como BYD o CATL.

El avance radica en la miniaturización: en lugar de celdas grandes, se han creado diminutos grupos de níquel y hierro, aumentando la superficie de reacción y la velocidad de carga. Además, se han incorporado proteínas derivadas de vacas y óxido de grafeno para crear un gel ultrafino con un 99% de aire, reduciendo el peso y mejorando la eficiencia.

“Nuestro enfoque es sorprendentemente simple y directo”, afirma Maher El-Kady, investigador de la Universidad de California y coautor del estudio. La clave está en la escala nanométrica. Al reducir el tamaño de las partículas, casi todos los átomos pueden participar en la reacción, acelerando la carga y descarga.

Este prototipo, que se inspira en el diseño original de Edison pero con modificaciones significativas, podría tener una segunda vida en aplicaciones de almacenamiento de energía. La tecnología, que utiliza materiales comunes y procesos sencillos, representa una alternativa prometedora a las baterías de iones de litio, y una demostración de que la innovación a veces se encuentra en lo que se ha olvidado.

La batería de Edison, un legado del siglo XIX, podría redefinir el futuro de la movilidad eléctrica.