Ia en el pentágono: un salto cuántico en la militarización que supera el millar de millones

La inteligencia artificial ha experimentado un crecimiento explosivo dentro de las fuerzas armadas estadounidenses, un avance tan vertiginoso que el Pentágono calcula un incremento del 1775% en el último año, elevando el número de usuarios a aproximadamente 1,5 millones. Un número que, según el subsecretario de guerra Emil Michael, representa un cambio radical en la forma de operar de las fuerzas.

La ia como arma: operaciones, inteligencia y combate

La ia como arma: operaciones, inteligencia y combate

Antes de su gestión, el despliegue de IA se limitaba a unas 80.000 personas. Ahora, la tecnología impulsa la toma de decisiones en casi la mitad de las fuerzas armadas, optimiza la precisión en el objetivo y busca una mayor autonomía operativa. Michael no se anda con rodeos: “Estamos integrando la IA en nuestros sistemas para que los combatientes puedan usarla para ser más precisos, más rápidos, tomar mejores decisiones y aportar poder de combate al campo de batalla de una manera que acorte la duración de cualquier conflicto, proteja a nuestros combatientes en la mayor medida posible… y, francamente, sea lo más letal posible, que es lo que nuestros combatientes quieren hacer”.

Este impulso se traduce en una ambiciosa estrategia del Departamento de Defensa, que aspira a tener una “limpieza” financiera total en 2028, impulsada por la supervisión basada en inteligencia artificial. Un proyecto clave es Advana, la plataforma analítica que busca consolidar los datos y agilizar las auditorías, identificando discrepancias y conciliando registros con una eficiencia sin precedentes.

Pero la carrera por la IA militar no se limita a la eficiencia interna. El Pentágono también busca presionar a la industria para reducir el coste de los misiles Patriot a menos de un millón de dólares. La iniciativa GenAI.mil, que facilita el acceso seguro a herramientas de IA generativa, es solo la punta del iceberg. El despliegue de drones autónomos, como los 200.000 drones letales destinados a las Fuerzas de Operaciones Especiales, ejemplifica la apuesta por soluciones disruptivas.

Y no solo eso: el Departamento de Defensa, consciente de la competencia privada y sus atractivos salarios, recurre al patriotismo como estrategia de reclutamiento. “Lo que intentamos hacer es crear una especie de punto de vista más patriótico, o una opción para los jóvenes que salen de la universidad o de la escuela de posgrado, para que hagan algo por su país, con su país, y que eso sea valioso, de modo que si regresan al sector privado más adelante, no sientan que han perdido tiempo o energía”.

La inversión en estas tecnologías, que asciende a 1.100 millones de dólares para el Programa de Dominio de Drones, refleja una determinación inquebrantable. La Armada de EEUU, por su parte, está probando sistemas no tripulados en el Ártico, mientras que la inteligencia artificial se centra en tres áreas cruciales: operaciones empresariales, funciones de inteligencia y sistemas de combate. La cifra habla por sí sola: más de un millón y medio de usuarios de IA, un salto que redefine la naturaleza de la guerra.