Antojo de dulce tras comer: el secreto está en cómo masticas
¿Sientes un impulso irresistible por el azúcar justo después de la comida? No eres el único. Un nutricionista revela que la clave para reducir este deseo no está en lo que comes, sino en cómo lo haces.

Masticar conscientemente: la solución para controlar el antojo
El problema reside en la velocidad y la falta de atención al comer. Cuando ingerimos alimentos rápidamente y sin masticar adecuadamente, la glucosa se absorbe con rapidez, provocando un pico de azúcar en sangre seguido de una caída. Este descenso desencadena la liberación de insulina y, en consecuencia, el ansiado antojo de algo dulce – el cerebro lo interpreta como una necesidad urgente de energía.
Pablo Ojeda, nutricionista, lo explica en un reciente vídeo de Instagram. Su propuesta: la comida consciente. No se trata de eliminar el dulce de tu dieta, sino de alterar el contexto en el que se produce el deseo.
La técnica se basa en tres pilares: masticar más, comer despacio y prestar atención a las sensaciones. Masticar a fondo activa la digestión en la boca, estimula la producción de saliva y el nervio vago, y envía señales más tempranas de saciedad al cerebro. Comer despacio permite una subida de glucosa más gradual, evitando los picos y las caídas que alimentan el antojo.
“Necesitamos hacer dos cosas a la vez: buscar comida y no ser comidos”, afirma el neurocientífico Ian McGilchrist. Esta frase resume la esencia de la propuesta de Ojeda. Al alargar el tiempo de la comida, la respuesta de insulina se modera y la bajada de azúcar es menos pronunciada, reduciendo así el disparador fisiológico del antojo.
El resultado? Una disminución de la urgencia por el chocolate o las galletas, una reducción de los bajones de energía y, quizás lo más significativo, una liberación de la obsesión por las dietas restrictivas. Ajustar el ritmo de la comida puede transformar la relación con el dulce y, a la larga, con uno mismo.
La cifra habla por sí sola: estudios demuestran que al dedicar 20 minutos a comer, la sensación de saciedad aumenta en un 15% en comparación con comer rápidamente.
Así que la próxima vez que sientas ese impulso, respira hondo, mastica y disfruta del momento. Tu cuerpo te lo agradecerá.
