Altman apuesta por la ia como servicio público ante la crisis de financiación

Sam Altman, CEO de OpenAI, se enfrenta a un nuevo desafío: asegurar la viabilidad económica de ChatGPT y futuras innovaciones de inteligencia artificial. Sus recientes declaraciones en la Cumbre de Infraestructura de BlackRock revelan una apuesta radical: convertir la IA en un servicio público, comparable al suministro de agua o electricidad.

El modelo de pago por uso en crisis

El modelo de pago por uso en crisis

El gigante tecnológico, que revolucionó el acceso a la IA con el lanzamiento de ChatGPT en 2022, busca replantear su modelo de negocio. El sistema actual, basado en la venta de 'tokens' –unidades que los modelos utilizan para procesar datos– se ha revelado poco rentable. Este modelo, que permitía un acceso casi ilimitado una vez adquirido, ha generado costes millonarios para OpenAI, poniendo en tela de juicio su sostenibilidad.

“Demasiado barata para medirla”, así lo describió Altman, haciendo referencia a una vieja estrategia del sector energético que no prosperó. La compañía considera que el futuro reside en cobrar por el uso, buscando un modelo similar al de las compañías eléctricas, donde se paga por la cantidad consumida. La cancelación del proyecto Stargate en Texas, debido a la falta de financiación, evidencia la urgencia de esta transformación.

Pero la situación no es sencilla. La reciente guerra en Medio Oriente ha disparado los precios de la energía, lo que podría dificultar la adopción de la IA como un servicio público, incluso si se ofrece a bajo coste. Además, los propios ejecutivos de OpenAI admitieron que el gobierno podría considerarlos “demasiado grandes para quebrar”, lo que sugiere una dependencia de subvenciones que no es sostenible a largo plazo.

La estrategia de Altman, aunque audaz, plantea interrogantes sobre el futuro del acceso a la inteligencia artificial. Si el modelo de pago por uso no funciona, ¿cómo podrá OpenAI seguir innovando y desarrollando nuevas aplicaciones de IA? La respuesta, por ahora, permanece envuelta en incertidumbre, pero una cosa es clara: el futuro de la IA depende de encontrar un modelo económico viable que garantice su acceso a la sociedad.